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Apuntes sobre la caída de la izquierda judía y argentina

Última actualización: agosto 8, 2026 2:49 pm
Por
Julian Blejmar
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Las imágenes, tomadas por Uri Gordon y Gabriel Valansi en abril de 2026, son metáfora pura. Es la caída, o el estado actual, de la izquierda, judía y argentina. Son fotos de los días previos al cierre definitivo de la enorme sede local de Hashomer Hatzair en Almagro, ubicada ahora en una pequeña casa de Villa Crespo.
Hashomer Hatzair es el movimiento sionista socialista surgido en Polonia en 1913, cuyo máximo exponente fue Mordejái Anielewicz quien en 1943 y con solo 23 años lidero el Levantamiento del Gueto de Varsovia, haciendo frente, con armas viejas y gastadas y junto a otros chicos tan desnutridos como él, a la maquinaria nazi durante el increíble lapso deun mes.
En Argentina, cuenta Dario Teitelbaum, Al Hamishmar, el periódico de esta organización, apareció en el año 1926 y ya consignaba su dirección en Alsina 2540, Balvanera, lo que permite inferir que la presencia en el país de esta organización juvenil es incluso previa a aquel año.
Ciertamente, cualquier imagen que incluya símbolos judíos y el desastre puede remitir a un pogrom de la Europa Oriental, a disturbios de alguna ciudad francesa durante el caso Dreyfus, a la Kristallnacht u otros ataques en Alemania y otros países europeos durante el nazismo, o al más reciente 7 de octubre. Aquí, sin embargo, no hay tragedia, solo desolación. La de los sueños rotos, como la convivencia entre judíos y palestinos, como la idea de un judaísmo humanista y no fundamentalista que intentó, al tiempo de preservar su identidad, convivir con el mundo en pie de igualdad. Así, entre los vidrios rotos del marco de un cuadro tirado en el piso, asoma un recorte que exhibe a Shimon Peres e Itzhak Rabin celebrando la paz. Y  cerca de allí, un periódico Nueva Sión, continuador de Al Hamishmar, pide “parar el fanatismo colono”.
Pero no es solo Hashomer. Es Hashomer de Argentina, y entonces la caída no puede menos que remitir a la caída de los populismos latinoamericanos de inicio de este siglo, que en todo el continente lograron reducir la brecha entre las distintas clases sociales, lo cual se sintetiza en la Hultza, la casaca, que aparece también tirada reivindicando al kirchnerismo.
¿Qué sucedió? ¿Cómo llegamos hasta aquí? Se formula que las masas percibieron una importante distancia entre las narrativas y la realidad, entre las consignas y quienes las proclamaban. Pero… ¿no es ese el material del que también están constituidos los movimientos? ¿Qué espacio político y social, que humano, posee una absoluta coherencia con sus enunciados?
En este punto, es dable citar a Alejando Dolina, cuando señala que, dentro de los espacios progresistas “hay también un montón de personas crueles, corrompidas, infieles o equivocadas, pero bajo un pensamiento que, de algún modo y aunque sea mínimamente, los sostiene a pesar de sus debilidades o sus vicios o sus pecados”.
Otra hipótesis. Los proyectos colectivos parecen, inevitablemente, colisionar frente a los nuevos faraones. Porque tal como lo señala Moacyr Scliar en su Hagada de Pesaj, “Todavía existen faraones, todavía existen esclavos. Los faraones modernos no construyen pirámides, pero construyen estructuras de poder e imperios financieros. Los faraones modernos ya no recurren al látigo; someten corazones y mentes mediante métodos sofisticados. Sus esclavos se cuentan por millones en este mundo en que vivimos”.
Hoy, cuando Black Mirror ya no es solo una serie, cuando las distopías son también parte de la realidad cotidiana, tal vez sea necesario recordar la letra del himno de los partisanos polacos, que reza “Nunca digas que esta senda es la final, acero y plomo ocultan un cielo celestial. Nuestra hora tan soñada llegará, redoblará nuestro marchar: ¡Henos acá! Desde las nieves a las palmas de Sión”.
Ello, en una situación infinitamente peor que la actual.
La historia es dialéctica, nunca termina.
Las imágenes, pueden también ser fotogramas de una película que continúa, tal como lo exhibió el pueblo judío tras 2000 años de diáspora.

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