Herman Schiller estaba solo. Desde su semanario “Nueva Presencia” denunciaba las torturas, asesinatos, y desapariciones de la última dictadura cívico-militar frente al silencio de la mayor parte de la prensa nacional. “En algunos casos habrá sido por miedo, en otros por complicidad, pero lo cierto es que casi no existieron medios que me acompañaran”, señala este periodista en la extensa entrevista que mantuvo con Plural Jai, donde narró, entre otras cuestiones, las dificultades que le acarreó llevar adelante su valiente publicación. “Siempre citan como casos emblemáticos de denuncias a ‘Nueva Presencia’ como al diario ‘Buenos Aires Herald’, aunque nunca me gustó esa comparación, porque si bien reconozco lo importante y valiosa que fue la actitud del Herald de Robert Cox, el diario apoyaba la política económica de los militares, al punto de que cuando lo echaron al entonces ministro de Economía José Martínez de Hoz, un editorial salió a apoyarlo”. Con todo, agrega Schiller, “fuera de ‘Nueva Presencia’ y del ‘Herald’, así como de ‘La Opinión’ de Jacobo Timerman, que apoyó en un principio el Golpe pero luego lo denunció y eso lo llevó a la cárcel y a las torturas, así como de ‘Cuestionario’ de Rodolfo Terragno, que también dio cuenta de las desaparicione aunque duró poco, ningún medio de prensa comercial hizo referencia a las tremendas violaciones de los derechos humanos”.
¿Cómo se gestó “Nueva Presencia”?
Dentro del sionismo socialista estaba el partido Mapam, que hoy es Meretz, con el periódico Nueva Sion, así como Ajdut Avoda, que sacaba la publicación Horizonte, en el que se sacaban tapas con notas sobre luchas obreras, como la de los obreros de la caña de Tucumán, o sobre el apoyo a la revolución cubana. O sea que hubo un par de antecedentes de lo que sería Nueva Presencia, que nació a mediados de 1977, como un suplemento del diario idish Di Presse, que buscaba captar a un público más joven. Luego, la repercusión hizo que a los pocos meses se independizara y saliera como semanario. No fue fácil, porque la gente con la que estaba quería hacer un periódico liviano y juvenil o bien de intelectuales, pero yo quería otra cosa, por lo que cuando Nueva Presencia empezó a radicalizarse, todos los periodistas me abandonaron, pero llegaron las Madres o el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), con lo que terminó sin ser un periódico judío. En un momento de ese pasaje fue incluso grotesco, porque se hablaba de los campos de concentración, de las torturas, o los desaparecidos, y al lado había alguna nota sobre un majane (campamento), junto a los típicos avisos comunitarios, como una textil o una casa de comidas judías. Pero el semanario también se diferenciaba en el tratamiento de los temas judíos, como por ejemplo al ser el único medio comunitario que cubrió la histórica visita de (Anwar) Saddat a Jerusalén para entrevistarse con (Menajem) Beguin. Ahí se invirtieron los tantos, porque cuando toda la dirigencia comunitaria se distanciaba de gobierno israelí, yo lo estaba apoyando, porqué hasta Beguin estaba a la izquierda de la comunidad judía argentina. Igual, hoy no volvería a emprender una aventura semejante como la de Nueva Presencia, ya que arriesgué mi vida, mi familia se deterioró, y quedé además como el outsider que en la comunidad nadie quiere tocar, más allá de los saludos que recibo cuando estoy por Pasteur.
¿Observa raíces judías en su decisión de llevar adelante un semanario como Nueva Presencia?
Es probable, creo que hubo algo de mesianismo judío, y de esa vanguardia judía que provocó que muchos judíos fueran parte de la primera línea en tantos procesos revolucionarios del mundo. De hecho, yo me defino como un revolucionario desde la identidad judía. Pero ese análisis pertenecería al terreno del inconsciente, sería tarea para un psicoanalista. Sí sé que en lo personal siempre quise crear instrumentos judíos que sirvieran de vasos comunicantes con el Tercer Mundo y el campo popular. En los años sesenta creamos el grupo Juventud Judía Revolucionaria, que no tenía nada que ver con la guerrilla, pero que buscaba apoyar las causas populares. Me había entusiasmado mucho cuando por ese entonces Nahum Goldman, un dirigente comunitario norteamericano que nada tenía que ver con la izquierda, fue lo suficientemente lúcido como para entender los nuevos tiempos, y creó en Congreso Judío Mundial que dirigía el departamento del Tercer Mundo, más allá de que finalmente el establishment judío no le dio espacio.
¿Qué opinión tiene sobre la actualidad de los movimientos judíos autodefinidos como de izquierda?
La izquierda judía no existe, y por eso me siento aislado. Yo no tengo de donde agarrarme, más allá de los tibios ramalazos de progresismo, cenizas de la otrora importante izquierda judía. Y esta desaparición tiene que ver con razones exógenas, como las políticas de los últimos gobiernos de Israel y los grupos de izquierda activando en contra los mismos, que alejó a muchos judíos de izquierda de la comunidad, así como endógenas, como los cambios sociales que han provocado una disminución de los movimientos de izquierda en general. De hecho, el único país del mundo con una fuerte izquierda judía es el Estado de Israel, yo estoy en contacto con ellos, y recibo sus materiales, que aquí lógicamente no se publican, como los del Partido Comunista israelí, Gush Shalom de Uri Avnery, e incluso sectores ortodoxos pacifistas, como los de Eretz Shalom del rabino Menajem Fruman.
¿Los judíos de izquierda no están entonces en la comunidad?
Muchos judíos de izquierda con una identidad judía débil se van de la comunidad por la represión a los palestinos, o por los burgueses que hay acá y en otros lugares. Pero mi identidad judía es muy fuerte, por lo que el meridiano de mi judaísmo no pasa por (Ariel) Sharon o (Benjamin) Netanyahu, o por los burgueses, sino que pasa por mí interior. Hay un muy buen poema de I.L.Peretz que dice que todos los colores están dentro del judaísmo, es decir un poco de bundismo, de derecha, de religión, de comunismo, y traducido al lenguaje marxista sería que la lucha de clases también está dentro del judaísmo, porque los judíos no somos algo univoco, pese al prejuicio que, especialmente la izquierda, tiene en este sentido. La enajenación del judío de izquierda que tiene un doble discurso al ocultar su judaísmo, o directamente reniega de él, es algo contra lo que lucho, y también ahí nado contra la corriente. Y hay también un crecimiento muy duro del antisemitismo en la izquierda, y como hombre de izquierda soy el primero en denunciarlo.
¿Cuál es su posición en relación al conflicto de Medio Oriente?
No una sino un millón de veces me manifesté por la existencia de dos Estados para dos puebles, es decir a favor del Estado de Israel y también del Estado palestino. No me es fácil sostener esta postura, ya que en la comunidad soy un terrorista pro palestino, y en la izquierda, aunque me respetan mucho, mi defensa del Estado de Israel me trae bastantes problemas, ya que para buena parte de izquierda la única solución es la destrucción Estado de Israel. Por eso, así como siempre digo que la culpa del antisemitismo la tiene los antisemitas y no los judíos malos, también sostengo que la culpa del aislamiento de Israel no es a causa de las políticas nefastas de los gobiernos de Israel, sino de los aisladores de Israel, que son casi todos los gobiernos y organizaciones políticas del centro a la izquierda, y de casi todo el mundo. En Israel hubo marchas pacifistas que juntaron 30.000 personas, y eso es también Israel, aunque el mundo no lo quiera ver.
¿Qué opinión tiene sobre el actual debate de periodismo profesional o periodismo militante?
Yo siempre traté de hacer una síntesis entre lo profesional y lo militante, ya que además el militante que se basa en consignas, como la vieja prensa de izquierda, no corre más. Ahora se habla de los medios cercanos al kirchnerismo como militantes, lo cual en la mayor parte de los casos es así, pero la verdad es que tampoco existe un periodismo totalmente objetivo e imparcial, y en la Argentina el pseudo periodismo profesional es absolutamente tendencioso, como el caso de La Nación, que se disfraza de periodismo profesional pero es de lo más militante de la derecha.
¿Y en relación a la situación con los Derechos Humanos?
El kirchnerismo hizo mucho más de lo que uno esperaba por los Derechos Humanos, pero tampoco nos satisface, porque las fuerzas de seguridad asesinan a un argentino cada día y medio. Desde la llegada de la democracia hasta fines de 2012, se asesinaron a más a 3.700 argentinos desarmados, entre los cuales casi el 60% corresponde a los diez años del kirchnerismo. Además hay casi 6.000 enjuiciadios por sus luchas sociales. No estoy seguro, pero tengo la hipótesis de que los asesinatos de la democracia no tienen la misma repercusión que los de la dictadura porque estos pertenecían a la clase media, mientras que los primeros afectan a las clases más bajas. De hecho, hoy ser joven, pobre y morocho es delito en nuestro país. Es cierto que aquí es cómplice toda la clase política, la policía de Santa Fe es la peor de todas, con un jefe procesado por ser jefe narcotraficante, y depende de un gobierno socialista, pero el kirchnerismo es parte de todo esto.
También es crítico hacia muchos organismos de Derechos Humanos…
Los organismos de Derechos Humanos, que nacieron para enfrentar poder y denunciar sus excesos, en estos años fueron cooptados por el gobierno de manera canallesca y perversa, empezando por las Madres. De los históricos, quedan pocos organismos independientes, como por ejemplo la Asociación de Detenidos Desaparecidos, aunque ahora hay otros más nuevos como la Correpi, que denuncia las atrocidades de las fuerzas de seguridad.
¿La decisión de apoyar al gobierno no puede haber sido por convicción, antes que por cooptación?
Puede que sea así, en algunos casos. Pero en otros, también estuvo dinero, más allá de que no podría precisar que esa sea la única causa. En el caso de Madres es público el tema del dinero, como también de su alineamiento total, yo estuve treinta años allí, y cuando no acepté la política de incondicionalidad con el kirchnerismo, me echaron.
¿Cómo considera la crítica que sostiene que durante los gobiernos peronistas la izquierda ha sido funcional a los intereses del establishment?
Decir eso es un prejuicio, porque una gran parte de la izquierda ha tenido y tiene una gran coherencia. Después está la pseudoizquierda que busca cámara. Porque es verdad que los medios hegemónicos, que quieren debilitar al gobierno, convocan a muchos partidos de izquierda y estos van gustosos con tal de tener dos minutos en televisión. Por eso, cuando poco tiempo atrás me invitaron al canal Todo Noticias (TN), lo primero que hice fue hablar contra Clarín, porque si uno habla mal del gobierno y calla sobre Clarín, es en efecto funcional a la derecha. Pero esa es una pseudoizquierda, muy diferente a los verdaderos movimientos de izquierda.
De regreso a la popularidad
A fines del año pasado, Schiller fue noticias por dos acontecimientos, el levantamiento de su programa en Radio Ciudad y su rechazo a recibir el premio a la “libertad de expresión” de la Editorial Perfil. Sobre el primer hecho, que originó una importante reacción de organizaciones de izquierda así como cartas de protesta por parte del intelectual Osvaldo Bayer y el Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel, Schiller Schiller afirmó que “los funcionarios macristas quisieron empezar a construir su multimedios, para lo cual armaron una programación a su medida, y yo no cabía ahí, pese a que era el programa que por lejos mayor audiencia tenía”. En relación a su rechazo al premio, sostuvo que “como decía antes, yo no quiero ir a los medios a cualquier precio. En Perfil me quisieron poner junto al periodista ecuatoriano César Ricaurte, un ícono de la derecha golpista que intenta jaquear al gobierno de Rafael Correa, es decir un oscuro personaje que no es víctima de la censura sino un provocador. Y yo no quiero ser usado por la derecha como pasa con buena parte de la izquierda, lo cual no quiere decir que no me haya pasado, porque no es fácil eludirla”. Pero, añade, “yo igualmente aclaré a los medios ecuatorianos que me entrevistaron, y al propio Correa durante nuestro encuentro, que tenía muchas críticas hacia su gobierno”.
Plural Jai, febrero de 2013






