Ejerció por más de cuatro décadas el periodismo político y económico en diversas publicaciones entre las que se destacan los periódicos La Opinión y Clarín, y es en la actualidad columnista de los diarios Perfil y el Cronista Comercial. Autor de 18 libros, -referidos en su mayor parte a la economía argentina-, es también licenciado en historia por la Universidad de Palermo, fue docente en la Universidad de Belgrano y la de San Andrés, y recibió diversas distinciones como dos premios Konex, el de ADEPA, y el de TEA por su labor en el periodismo económico.
En relación a esta trayectoria, afirma que su judaísmo fue fundamental para desarrollar su labor cotidiana. “Veo la incidencia del judaísmo fundamentalmente en los límites y principios éticos, ya que tanto entonces como ahora el periodismo se presta mucho a la prostitución y a promover barbaridades. Siempre tuve un mandato interior de no hacer aquello que no sea justo y creo que aquí está muy presenta la cosa judía. Puedo haberme equivocado, y de hecho lo hice muchas veces, pero nunca con la intención perversa de lucrar con eso. También reconozco el vinculo judío en las columnas que redactaba en la publicación Nueva Presencia, de Herman Schiller, y en todas las veces que escribí, con mucho gusto, para el periódico Nueva Sion, siempre muy movilizado también por los temas judíos. Esto no es narcisismo, pero en cierta ocasión le dije al rabino Daniel Goldman que yo era poco judío, y él me respondió que yo era uno de los más judíos de todos nosotros, por ser un humanista, por escribir libros, por estar comprometido con la sociedad, es decir por responder a una tradición judía. Todas mis observaciones están referidas de hecho a lo social, y creo haber defendido posiciones y convicciones de forma perseverante, enfrentándome incluso con mucha gente. Y he tenido además un compromiso muy activo con las cuestiones judías, más allá de ser laico, ya que siempre que me invitaron de instituciones judías he concurrido con mucho agrado, respeto y cariño”.
¿Cómo y cuando se manifestó su interés por todo los relacionado al judaísmo?
Mis bisabuelos fueron de los primeros judíos en arribar al país, llegaron por el Vapor Pampa en 1891 y se establecieron en la Colonia Clara de Entre Ríos. Yo de todas formas nací en la ciudad de Diamante, hijo de un padre médico, burgués, ateo, con ideas de izquierda, y muy integrado a la sociedad, -por lo que también había una prevención hacia el sionismo, incluso el de izquierda-, pero muy atento a ese legado familiar del judaísmo. Es por eso que si bien en mi casa no se festejaba el Shabat ni íbamos a la sinagoga, mi abuelo fue enterrado bajo el rito judío, todos los hermanos Muchnik fuimos circuncidados, y me enviaron a la colonia de Zummerland. En mi casa se hablaba constantemente de temas judíos, muy a menudo de la Shoa, e incluso mi padre, sin ser sionista aportó para la construcción del Estado de Israel mediante el Keren Kayemet. Recuerdo también que el primer libro que mi papá me regalo fue “Mis Gloriosos Hermanos”, y el segundo “Espartaco”. En definitiva, lo que había era una clima de judaísmo muy vinculado con el Sermón de la Montaña, eso de Jesús subiendo a las colinas y exclamando “bienaventurados los que tiene sed de justicia…”. Y yo entré a la pubertad con esa impronta.
¿Por fuera de su familia, que experiencias tuvo?
Fueron más bien complicadas. En Diamante, había una competencia con la colectividad árabe, más desde el aspecto político porque mi padre era dirigente radical y los árabes eran peronistas. Sin embargo, sí había una pátina jodida de la Iglesia, y de hecho tuve el primer episodio de antisemitismo cuando siendo chico quise entrar con mis amigos de la plaza a la iglesia y el cura me lo impidió diciéndome que era judío. Más adelante, en el servicio militar, un compañero de apellido Aidar me cargaba constantemente por mi condición hasta que un día nos agarramos a trompadas, y si bien la ligamos los dos, no me volvió a molestar. Y poco después buscando trabajo me entrevistaron para una editorial española, franquista, donde me llegaron a decir que era el mejor candidato para el puesto, pero luego me preguntaron la religión, y no me llamaron más. De todas formas no creo que la sociedad argentina tenga un quiste antisemita, sino que está impregnada de prejuicios y discriminaciones, no solo contra el judío, sino también contra el boliviano, el paraguayo, el morocho, pese a ser una sociedad que desciende de inmigrantes pobres.
¿Desde lo positivo, que otras cuestiones además de la mencionada resaltaría en relación al mundo judío?
Observo una vitalidad revolucionaria y reivindicatoria que creo que es parte del patrimonio cultural del mundo judío. Siempre me apasionó el caso norteamericano, a donde viajo seguido porque mi hijo mayor es docente allí. El fenómeno de esa gente que venía en la década del treinta del shteitl (aldea judía) o del guetto, de pobrezas extremas, y que en los Estados Unidos pueden exhibir el caudal histórico que tenían, me parece muy interesante. De ahí un George Gershwin, o escritores de la talla de Norman Mailer, Arthur Miller, Philip Roth, nacidos o ligados de alguna forma a ese shteitl. Y algo similar sucedió acá, con amigos que ni siquiera sabían el castellano, pero que luego se les abrió el panorama y el mundo y tuvieron una producción espectacular. Y vuelvo también a citar a Goldman por eso del compromiso con lo social, de la necesidad de cambio, de la apetencia del saber, porque como decía mi abuelo paterno, saber es poder, pero no un poder político, sino poder comprender. De ahí los miles de libros que ves en esta casa, o los 18 que yo publiqué.
¿Qué visión específica tiene de la comunidad judía argentina?
¿Qué es la comunidad judía? ¿Buz comunidad? Ya no existe la comunidad judía que vieron nacer y en la que se integraron mis padres, es como el periodismo que supe hacer, no existe más. Porque de hecho yo no tengo nada que ver con la comunidad judía alemana por ejemplo, ni tampoco me representa la comunidad rica, a la que le tengo tanto rechazo como a la comunidad rica libanesa o turca. Yo no me identifico con los judíos que viven en los countries, ni con los de Punta del Este, no soy como Marcos Aguinis que viaja allí para darles conferencias, es más, me perturban. Sí me representó Herman Schiller como luchador dentro de la comunidad, o el rabino Goldman como alguien muy preocupado por la temática social, o el diario Nueva Sión, o el IWO, y por supuesto muchos judíos, pero con muchos otros no tengo nada que ver, ni son hermanos míos. Mis hermanos, de hecho, provienen de múltiples lugares, porque son judíos, libaneses, árabes, musulmanes, católicos y de muchas otras vertientes.
¿Y en relación con lo institucional?
Veo una comunidad negadora de la realidad, y tan deterioradas como el país mismo. La DAIA me hace acordar al viejo PC argentino, porque no mueve un pelo si no hay órdenes de Jerusalém, son como voceros del gobierno de Israel… y hay cada gobierno en Israel… como el actual, que me espanta. Es inaudito que la DAIA, que dice representarme, haga estas barbaridades y torpezas, que en muchos casos no son solo políticas, sino vinculadas a los negocios y a la corrupción, como pasó en la década del noventa con el berajismo, que todavía sigue inserto allí. Con respecto a la Amia, esta institución debiera estar más vinculada a lo social o a la solidaridad del mundo judío. Pero basta ir al Hogar Israelita, o ver la falta de un geriátrico que reciba ancianos pobres, como era Burzaco, para darse cuenta de que esta comunidad ya no es para pobres. Esto habla de la decadencia profunda que experimentó la comunidad en los últimos tiempos.
¿Cuándo cree que comienza esta decadencia?
A mediados de los setenta, donde recuerdo el episodio en el que el gobierno militar lo apresa a Jacobo Timerman. Yo ya me había ido de La Opinión porque no lo soportaba más a Timerman, y ya estaba en Clarín. Al recibir la noticia, fuimos corriendo a la DAIA con Mario Diament para pedir ayuda porque lo estaban torturando y lo iban a matar. Nos sentamos frente a su conducción, y todos se metieron debajo de la mesa. Más allá de las historias, de si tenían apresado al hijo del entonces presidente Nehemias Resnisky, ya ahí se podía ver que comenzaba la decrepitud, y el colmo es cuando en los últimos años los religiosos ocupan el poder en la Amia, con un señor que se arroga el derecho de decirme que no soy judío, o que tal persona no puede ser enterrada en un cementerio judío. Fue por eso que yo decidí irme de la Amia. Porque sus representantes son magros a nivel político e intelectual. Y solo voy regresar cuando desde lo institucional no se condene ni excluya ni prohíba a nadie, como lo hacen los discípulos de Marshall Meyer, y más aún teniendo en cuenta que actualmente más de la mitad de los judíos vive en matrimonios mixtos. Recién ahí creo que la comunidad judía va a tener militancia.
Yendo al plano nacional, desde su larga trayectoria en el periodismo político y económico ¿Qué etapa considera que fue la más esperanzadora en función de alcanzar un desarrollo?
Esa es la palabra. Como proyecto de país, no de gobierno, nadie supero a Arturo Frondizi, guste o no su proyecto. Nunca hubo otra agenda para el modelar el país, su proyecto de una infraestructura sólida industrial, de caminos, de transporte, fue el mismo proyecto de Juscelino Kubitschek en Brasil. Fue el momento de mayor creatividad, aunque no de realización, ya que hubo errores y hasta agresiones, como en el plan CONINTES. Hubo otro intento interesante pero no mayoritario por parte de Arturo Illia, pero seguíamos atado a una cosecha que nos salve. Y otra esperanza fue la llegada de la democracia, de la mano de Raúl Alfonsín, y ahí se acabó, porque las últimas décadas fueron de una decadencia grave.
¿El proyecto desarrollista no nos hacía dependientes del capital extranjero?
El proceso de extranjerización tiene que ver con una concepción legal y una manera de enfocar los límites del proceso de acumulación capitalista. De hecho, en este momento, de las 500 empresas más ricas del país, solo 136 son argentinas. Yo estoy de acuerdo con la presencia del capital extranjero, siempre y cuando tengamos una Justicia, un parlamento, e instituciones que funcionen y leyes que se cumplan. Si hay una ley de inversiones extranjeras que se cumpla, no me molesta ese capital.
¿Cree posible una real autonomía de las instituciones argentinas frente a los grupos de presión de las grandes multinacionales?
¿A Uruguay le resulta posible? Yo creo que sí. Aunque con negociaciones permanentes.
¿Yendo a la actualidad, que visión tiene sobre el período del kirchnerismo?
Mi visión es escéptica. En lo político hubo dos rescates interesantes, como la modificación de la Corte Suprema y la política de Derechos Humanos, aunque esto último nunca fue una prioridad para el matrimonio Kirchner, lo que demuestra que se trata de una estrategia de permanencia en el poder. También estuve de acuerdo con la estatización de las AFJP, aunque fue hecho a lo bruto. Desde el punto de vista económico, no hubo creatividad, sí una buena administración, pero sobre todo de los capitales propios y de los amigos, que ganaron muchísima plata, también con mucha corrupción y manteniendo un esquema de punteros que se llenan los bolsillos con dádiva. Creo que el proceso estuvo muy marcado por el diseño del ex ministro de economía Roberto Lavagna, hasta la crisis fenomenal con el campo. Esa crisis fue culpa del gobierno, no del campo, ya que con una buena reforma impositiva el conflicto se resolvía a través del impuesto a las ganancias. Creo en definitiva que se trata de un gobierno que oculta cosas, que ha largado mucha voz de industrialización, pero en la praxis hay una larga distancia, porque se ve que el crecimiento es por la primarizacion de la exportación de soja, por el auge de una industria automotriz muy dependiente de Brasil, y por la siderurgia proveedora, y ahí se acabó.
¿No observa la presencia de grandes grupos del capital concentrado que restringen las acciones de gobierno?
Por supuesto que hay oligopolios y monopolios, y mafias empresariales y sindicales, pero no han sido eliminadas.
¿Cree que era posible revertir este contexto de decadencia de décadas al que hacía referencia en siete años?
¿Se pudo hacer la Revolución Francesa? ¿Se pudieron hacer grandes transformaciones económicas en el mundo? Se pudieron, si hay una propuesta política y pantalones, y un mensaje en el que no haya enemigos porque no piensan como vos. Pero todo sigue igual, con los mismos personajes de siempre, por lo que soy escéptico y si no hay milagros, el kirchnerismo va perdurar y yo lo voy a lamentar.
¿Qué nombres y plataformas cree que pueden trazar un proyecto superador?
La agenda de los políticos argentinos es espantosa, tanto en el oficialismo como en la oposición, donde no hay rasgos superiores de inteligencia, aún cuando admito que tengo un cariñito especial por ciertos dirigentes radicales y por el Partido Socialista, que ya se está fracturado. Tengo cariños por todos ellos, he visto cosas inteligentes que firmó Rodolfo Terragno, pero hay un narcisismo que los mata, tienen que ir a terapia urgente. Porque esto solo se pueden resolver con un consenso y un entendimiento social, aplicándonos la vacuna de la comprensión y solidaridad. //






