Fue el mismo Silvester Stallone quien confesó alguna vez que su film Rocky –ganador de tres premios Oscar incluyendo mejor película en 1976-, estuvo basado en una historia real, la de Charles “Chuck” Wepner, un oscuro boxeador que en 1975 logró llegar al último round en una pelea contra el que al día de hoy sigue siendo considerado el mejor boxeador de todos los tiempos, Muhammad Alí.
Wepner, nacido en el seno de una familia judía de clase baja de la localidad de New Jersey, era un pugilista desconocido que a los 34 años no había logrado título alguno, y sobrevivía gracias a peleas en clubes locales con rivales de poca jerarquía. Pero por una combinación de casualidades, su manager arregló una contienda con el múltiple campeón mundial de los pesos pesados Muhammad Alí, pelea que inspiro a Stallone para exhibir el argumento central de su película, la idea de que se puede triunfar aún en la derrota.
En aquella memorable disputa, calcada casi con exactitud sobre el final del film Rocky, Wepner logró tumbar a Alí en el noveno round, e incluso pudo llegar al decimo quinto y último round, aunque visiblemente vapuleado, donde segundos antes de la campana fue vencido por knock out.
El primero de todos.
Oscar “Ringo” Bonavena, nacido en un humilde hogar de descendientes de italianos del barrio de Boedo, inició su carrera pugilística en Huracán, -club del que sería uno de sus hinchas más famosos-, mientras se ganaba la vida como repartidor de pizza y carnicero en la Buenos Aires de la década del cincuenta. A diferencia de Wepner, su carrera transcurrió en el estrellato, pues logró vencer al campeón canadiense George Chuvalo y enfrentarse en un par de oportunidades con otro mito del boxeo, Joe Frazier, quien a la postre sería el primero en derrotar a Muhammad Alí. Pero su repercusión no solo se debía a su capacidad boxística, sino también a un particular carisma mezcla de ingenuidad y fanfarronería porteña, así como a su habilidad para entender la lógica de los nacientes medios de comunicación. Era un permanente cuestionador del establishmant del boxeo y del start system, y supo lanzar algunas frases maradonianas que quedaron en la historia, como “¿A quién le paso la pelota yo arriba del ring?”, “Lo cierto es que cuando suena la campana, te sacan el banquito y uno se queda solo”, o la más célebre, “la experiencia es un peine que te dan cuando te quedás pelado”.
Bonavena sufrió un resonada derrota frente a Frazier a fines de 1968, pero luego del trago amargo, logró seis victorias consecutivas por knock out, cinco de ellas en el mítico Luna Park, y ansió medirse con el número uno del momento, quien seguía sin poder ser derrotado por boxeador alguno.
Luego de insistir a su representante, Bonavena logró fecha y lugar: Sería el 7 de diciembre de 1970, en el mítico Madison Square Garden de Nueva York. El combate tuvo como aperitivo un cruce tan emocionante como la misma pelea. Muhammad Alí, acostumbrado a fanfarronear frente a los rivales en la rueda de prensa, se topó inesperadamente con la horma de su zapato, debiendo soportar los “Chicken, chicken, pi-pi -pi” de Bonavena e incluso que el porteño se animara a llamarlo “Clay”, nombre que el norteamericano detestaba que utilicen luego de haberse convertido al islamismo y habérselo modificado por Muhammad Alí.
Aquella noche de lunes, ya a simple vista, quedaba claro quién era el favorito. El local, apoyado por los cánticos de los cerca de 20.000 espectadores presentes, le llevaba más de 10 centímetros de estatura al argentino.
Pero rindiendo honor a su historia, “Ringo” no se dejó intimidar, y le planteó a Alí una pelea de igual a igual, logrando incluso superarlo sensiblemente entre los rounds seis y nueve. Sería justamente en este último, al igual que Wepner, donde lograría una de las imágenes que quedarán en la historia del boxeo, multiplicada entonces por las miles en las pantallas blanco y negro que los argentinos tenían encendidas esa noche. Pero una vez repuesto Alí de su caída, la historia comenzó a invertirse, si es que esos rounds no fueron la fugaz inversión de la historia. No obstante “Ringo”, como más adelante Wepner y Rocky, seguiría sostenido por su alma hasta el decimo quinto y último round, donde dos minutos antes del final rodaría por la lona. Su estoicismo fue sin embargo mayor que el del ignoto pugilista norteamericano, ya que instantes después estaba de pie, listo para seguir el combate. Fueron segundos. Luego de dos cruces, “Ringo” estaría nuevamente tendido, mientas Alí le clavaba la mirada y levantaba sus brazos. Pero como si estuviese destinado a escribir el guión que ningún director de cine leyó, Bonavena volvió a levantarse y a erguir su cabeza, aunque su única reacción fue protegerse, lo que de nada sirvió frente a los cuatro cruces finales de Alí. Atinó a incorporase por cuarta vez, pero el juez ya había decretado el knock out técnico.
Y por distraído, Stallone debió esperar cinco años para producir una de las películas emblema del cine norteamericano.
A cuarenta años del primer Rocky

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